
Creo que le he cogido el gustillo a esto de los conciertos. Eso sí, sólo a los que merezcan la pena. Si el artista es malo mejor quedarse en casa (“perdone, la calle Lou Reed, por favor?”). Buen concierto el del pasado viernes en Santiago e irrepetible por momentos (ya estoy “curado”, ya puedo morir tranquilo).
Tras un largo viaje, por lo lento que es el Talgo no por la distancia, el jueves pasado llegamos a Santiago rodeados por “curiosos” y demás fauna músico-festiva. “El ambiente se palpaba y la ocasión lo merecía. La ciudad estaba tomada y revolucionada con tantos visitantes fugaces y peregrinos como es costumbre en año jacobeo.”
El viernes era el día. Por la mañana nos fuimos de compras por el casco antiguo. Servidor no compro nada, Nadj un Lovecat-cojín y camisetas “de andar por casa” para Vicente (un saludo para él desde aquí!). Tras recorrernos el centro de cabo a rabo y un poquito más comimos en una terraza a buen precio y posteriormente volvimos al hotel a descansar un poco. A eso de las 17-18h salimos para el Monte do Gozo en autobús.
Al llegar allá aún no había mucha gente, pero poco a poco se fue llenando (a la hora punta ya no cabría nadie más). Tras intentos (muchos fallidos) de hacernos con camisetas de recuerdo, nos sentamos en la grada a ver a los teloneros (Starsailor). Con música indie amenizaron la primera hora de concierto. Instantes después ya empezaría lo serio. Primero Muse. Con su pollo (ya que se flipa un pelín bastante), ataviado con bata blanca y guitarra eléctrica en mano, Nadj empezó a babear y otros tantos a botar. Estuvo guapa la actuación. Después llegaría Lou Reed, un pestiño, pero que le vamos a hacer. La música parecía de camionero por el desierto americano. Aparte su voz estaba fatal, el sonido no era bueno y el repertorio -según han dicho- inadecuado.
Lo “gordo” (y nunca mejor dicho) estaba por llegar. 01:00h en España: Plainsong empieza a sonar, pero… ¿dónde está el vocalista del grupo de The Cure en el escenario? Chan, de repente aparece de uno de los laterales como si de un fantasma se tratase y el auditorio se viene abajo. La puesta en escena, vamos, inmejorable. Tocaron lo mejor de su repertorio. Desde “A 100 Years” hasta “Pictures of You”, pasando por temas más populares como “Just Like Heaven” o “Inbetween Days”. Delante mío un Vicente (de los muchos que nos crecieron/cruzamos) no paraba de dar cabezazos al aire con la cabeza. Para mí que no se sabía muchas, pero el tío lo vivía. El cachondo del Robert Smith le dio por gastar unas bromas yéndose del escenario hasta en tres ocasiones para simular un “esto ha sido todo”. Afortunadamente y tras los “¡Otra, otra,…!” del público todo quedó en un susto y continuó con los correspondientes bises (The Lovecats, A Forest, Friday I´m In Love y Boys Don´t Cry,…). No tengo palabras, ¡snif! 25 temas tocaron en total, si no he contado mal. No está nada mal.
La vuelta en bus es también digna de artículo. Cientos de jóvenes agolpándonos a la puerta de autocares que nos llevarían de vuelta a la ciudad. Menudo caos era eso. Si no volcaron los buses o se les fastidió la suspensión (hasta los topes iban, “Schindler, ¡ayúdenos!”) fue de milagro. “Menos mal que no hubo que soplar ni nos vio la Guardia Civil”, suspiraban algunos.
Bueno, no me enrollo más. Por cierto Nadj, ¿qué te pidió el hombre ese que se te acercó durante el concierto de La Cura?
AnthonyEscuchando... "Street Spirit"
Radiohead